Cómo ajustar el alma de la guitarra sin estropear el mástil

Pasé unos seis años sin atreverme a tocar el alma del mástil. Todo el mundo tenía una historia: el amigo de un amigo que «pasó la rosca», un mástil que «nunca volvió a su sitio». Así que cada otoño, cuando mi Telecaster empezaba a trastear en los tres primeros trastes, la llevaba a un luthier, pagaba el ajuste y le veía hacer treinta segundos de trabajo con una llave allen.
Un día me dejó hacerlo a mí, de pie a mi lado. Hizo falta un cuarto de vuelta. Aquí va todo lo que me contó entonces, más lo que he aprendido haciéndolo en mis guitarras (y en algún bajo de amigos) desde entonces.
Lo que hace el alma en realidad
Las cuerdas tiran. Seis cuerdas de acero afinadas tiran del mástil con una fuerza de entre 45 y 80 kg según el juego (las eléctricas finas en el extremo bajo, unas acústicas del 12 en el alto), y la madera cede. El alma (truss rod) es una barra de acero dentro del mástil que tira en sentido contrario. Giras la tuerca hacia un lado y tira más fuerte: el mástil se endereza. La giras hacia el otro y se relaja: ganan las cuerdas y el mástil se curva un poco hacia delante.
Eso es todo. Ese es su único trabajo: fijar el relief, cuánto se curva el mástil hacia delante.

Lo que no hace es igual de importante, porque es ahí donde la gente se mete en líos:
- No ajusta la altura de las cuerdas. La acción depende sobre todo de las selletas del puente (y de la cejuela). Si las cuerdas están altas a lo largo de todo el mástil, el alma no lo va a arreglar.
- No arregla un traste que trastea. Eso es un traste alto. Un giro del alma solo moverá el ruido a otro sitio.
- No corrige una cejuela con las ranuras demasiado altas o bajas.
- No curva el mástil donde se une al cuerpo. El alma trabaja en la zona central, más o menos entre los trastes 3 y 12. Una joroba en el traste 14 de una acústica vieja es otra conversación (y más cara).
Así que, antes de coger la llave, sé honesto con el síntoma. Trasteo en los cinco primeros trastes y limpio más arriba: falta relief, y el alma es tu herramienta. Acción alta y dura en el centro del mástil, bien en los extremos: sobra relief, también es el alma. Cualquier otra cosa, empieza por otro lado.
Primer paso: mide antes de girar
Es el paso que nadie se salta dos veces. Si giras primero y miras después, no sabes si has ayudado.
Afina la guitarra. Sujétala como cuando tocas, no tumbada en una mesa: el mástil se comporta distinto boca arriba. Luego:
- Pon una cejilla en el primer traste (o pisa la cuerda ahí con la mano libre).
- Pisa el Mi grave en el traste donde el mástil se une al cuerpo. En la mayoría de eléctricas es el 15–17; en una dreadnought, el 14.
- Mira el hueco entre la cuerda y la parte alta del traste 7 u 8.

La cuerda hace ahora de regla, y el hueco es el relief. Sobre las cifras se discute, pero estas son seguras:
| Instrumento | Relief en el traste 8 |
|---|---|
| Guitarra eléctrica | 0,15–0,25 mm |
| Acústica | 0,2–0,3 mm |
| Bajo | 0,3–0,5 mm |
Un juego de galgas de espesores cuesta un par de euros en cualquier tienda de recambios y es la forma honesta de hacerlo. Sin galgas: da un golpecito con el dedo a la cuerda contra el traste 8. Si se mueve un pelo y hace clic, hay algo de relief. Si no hay hueco, el mástil está totalmente recto o curvado hacia atrás. Si el hueco parece el grosor de una tarjeta de visita, son unos 0,25 mm, de sobra para la mayoría de eléctricas.
Apunta el número. En serio. El año que viene querrás saber cómo era «bien».
Segundo paso: encuentra la tuerca y la llave correcta
La tuerca de ajuste vive en uno de dos sitios. La mayoría de guitarras modernas la tienen en la pala, bajo una tapita de plástico con dos tornillos o en una ranura abierta justo detrás de la cejuela. Las Fender de estilo vintage y algunas otras la tienen en el talón, donde el mástil se une al cuerpo: se llega desde el lado del cuerpo, y en algunas hay que aflojar el mástil para meter el destornillador. Unos pocos mástiles modernos llevan en el talón una rueda con agujeros que se gira con una varilla fina.

Y ahora lo que más me insistió el luthier: usa la llave de la medida exacta. Las tuercas del alma son blandas. Una llave de 4 mm en un alojamiento de 5/32", o una llave gastada con los cantos redondeados, se come el alojamiento. Una vez redondeado, necesitas un taller. Medidas habituales: 4 mm, 5 mm, 1/8", 5/32", 3/16", 7/32", y llaves de tubo (5/16", 7 mm, 8 mm) en muchas Gibson y acústicas. Si la guitarra vino con llave, es esa. Si baila aunque sea un poco en el alojamiento, para y busca la correcta.
Tercer paso: hacia dónde y cuánto
Mirando la tuerca desde el lado por el que la giras:
- Sentido horario = apretar. El alma tira más fuerte, el mástil se endereza, menos relief. Es lo que quieres cuando la acción en el centro del mástil está alta y el mástil se curva demasiado hacia delante.
- Sentido antihorario = aflojar. El alma se relaja, el mástil se curva hacia delante, más relief. Es lo que quieres cuando trastean los primeros trastes.
Como el tapón de una botella. La regla es la misma para la tuerca en la pala y en el talón; lo que cambia es desde qué lado miras, así que ponte frente a la tuerca y entonces decide cuál es el sentido horario.

Cuánto: como mucho un cuarto de vuelta, y un octavo para empezar. Ya sé que parece nada. En la mayoría de mástiles un octavo de vuelta cambia el relief de forma visible. Una vuelta entera de golpe es justo como se estropean los mástiles.
Si vas a apretar, afloja primero un octavo y luego vuelve pasando el punto de partida. La tuerca suele estar «pegada» en algo de corrosión o de laca, y soltarla hacia el lado de aflojar es más suave que forzarla hacia el de apretar. Hay quien también destensa las cuerdas antes de apretar, para que el alma no luche contra toda la tensión mientras giras. En cualquier caso, vuelve a afinar antes de medir, porque la cifra solo vale afinada.
Luego afina, mide y espera. La madera se mueve despacio. En un mástil fino de arce verás casi todo el cambio en un minuto; a un mástil grueso de caoba, o a una guitarra vieja que lleva años sin ajustarse, dale una hora, o una noche, antes de decidir que hace falta más. Me he pasado más de una vez por impaciente.
Cuándo parar
Tres cosas que significan para y llévala a alguien:
- La tuerca no se mueve o pide fuerza de verdad. Las almas tienen un límite. Si ya estás al final de la rosca, más fuerza solo la pasa.
- Cruje o chasquea. Un pequeño clic cuando la tuerca se suelta es normal; un crujido bajo carga, no.
- Has dado una vuelta entera a lo largo de varios días y el relief no ha cambiado. El alma puede estar al máximo, o el mástil está haciendo algo que el alma no puede corregir.
Y una que solo significa que el alma está floja: en un alma de acción simple (la mayoría de mástiles de estilo vintage), si aflojas del todo la barra queda suelta y puede vibrar dentro del mástil. No es grave; apriétala un poco. Las almas de doble acción, que llevan casi todos los mástiles modernos, empujan en los dos sentidos y no hacen eso.
Cuándo tendrás que repetirlo
No a menudo. Las mías las toco quizá dos veces al año:
- Las estaciones. El aire seco del invierno encoge la madera: el mástil se endereza y los trastes bajos empiezan a trastear. Los veranos húmedos hacen lo contrario. Si vives donde hay inviernos de verdad y no tienes humidificador, es simplemente algo que haces en noviembre y en abril.
- Cambio de calibre. Pasar de 9 a 11 añade mucha tensión. Cuenta con apretar un poco. Al bajar de calibre, afloja.
- Una guitarra nueva. Ha viajado en una caja por tres climas. Mídela antes de culpar a otra cosa.
- Cambiar de afinación de forma permanente, digamos a Re estándar. Menos tensión, menos curva.
Si te descubres ajustando cada semana, lo que se mueve es otra cosa (o persigues un problema que no es de relief).
El orden de un ajuste, en una línea
Primero el relief, luego la acción en el puente, luego la octavación. Siempre, en ese orden, porque cada uno cambia el siguiente. Si bajas las selletas y luego giras el alma, volverás a bajar las selletas.
Y eso es todo. Diez minutos, una llave que encaje, un cuarto de vuelta y la paciencia de dejar que la madera se ponga al día. El ajuste que más miedo da resulta ser el más agradecido, siempre que midas antes de girar y pares cuando algo no va bien.